Durante 6 días, personas de todo el mundo se reunieron en Valencia para discutir sobre internet, privacidad, seguridad digital, diseño y más.

El Internet Freedom Festival, que ya lleva tres ediciones, es un espacio de encuentro en el que “distintas counidades que trabajan en contra de la censura —o son afectados por ella— re reúnen para enseñar, planificar y actuar”.

Bajo una modalidad horizontal en la que las y los asistentes proponen las actividades que quieren llevar adelante, el encuentro contó con más de 160 sesiones organizadas en 9 recorridos posibles: incidencia, políticas y fundraising; Comunidad y comunicaciones; Diseño y usabilidad; Diversidad, Género, Periodismo y medios; Investigación; Herramientas y tecnología; y, Formación y buenas prácticas. Todas las sesiones están detalladas en la wiki del festival, incluso algunas tienen comentarios sobre lo discutido.

Después de participar en el festival, podemos decir que aprendimos varias cosas —-aunque algunas las sospechábamos—:

1. En un contexto de creciente vigilancia masiva por parte de estados y corporaciones, la seguridad digital es indispensable para garantizar nuestro derecho a la privacidad y seguridad. Como bien sentenció Snowden, en su última entrevista con eldiario.es, “la vigilancia no tiene que ver con la seguridad, tiene que ver con el poder”. Defender nuestra privacidad como derecho es poner límite a la intención de los poderosos controlar todo. Y debemos defenderlo de manera masiva, porque si no, en este contexto, quienes “tengan algo que ocultar” automáticamente nos convertiremos en sospechosos.

2. Si bien la vigilancia es una tendencia global, en América Latina la defensa de los derechos humanos tiene riesgo de muerte y es una tarea más riesgosa para las mujeres. Lo vimos con el asesinato de Berta Cáceres, ocurrido el 3 de marzo, en pleno festival. Las y los defensores de derechos humanos están en peligro y la seguridad digital es una de tantas medidas que deben tomar.

3. El entorno digital genera nuevas formas de violencia machista que es necesario desterrar. Algunas de sus manifestaciones son el trolling, acoso, pornografía de venganza, vigilancia y persecución, entre otros. Debemos aprender cómo hacerlo entre todas y todos, con medidas de mitigación, por un lado, y prevención, por el otro. Existen iniciativas a nivel regional como Alerta machitroll, o Dominemos la tecnología, y más.

4. La práctica feminista es esencial y todavía falta mucho. Es urgente expandir y masificar espacios seguros, no competitivos, inclusivos, participativos, donde haya lugar para todos y todas, para quienes saben y quienes no, y en el que no nos sintamos expuestas a la hora de preguntar o compartir alguna experiencia. En Zen y el arte de hacer que la tecnología trabaje para tí, hay ejemplos de cómo crear espacios seguros online y offline.

5. Cada vez hay más mujeres y personas no identificadas con el sistema binario de género (hombre-mujer) que se animan a acercarse las tecnologías. Ojo, no estamos diciendo que no las hubiera antes, que las hubo, las hubo. Aunque eternamente invisibilizadas siempre hubo mujeres aportando al desarrollo tecnológico, como nos enseñan las Donestech. Siendo un terreno dominado por hombres (¡uno de los tantos!) sonreímos al ver que cada vez más no-hombres se acercan a la tecnología.

6. El idioma sigue siendo una barrera para la apropiación de tecnologías. Las iniciativas de localización (traducción y contextualización) como la del Localization Lab son indispensables para facilitar el uso de plataformas y software, y para construir una internet diversa e incluyente. También es importante la localización de materiales de formación, como el proyecto Level-Up, del que estamos participando.

7. Los y las desarrolladoras son personas, ¡y nos necesitan! Pareciera que pertenecen a otro mundo, pero nuestros comentarios como usuarios es un insumo importantísimo para quienes desarrollan —más de lo que pensamos-. Por eso es importante participar de las comunidades de software y plataformas que utilicemos e involucrarnos en su perfeccionamiento.

8. Los países del gran “Sur Global” todavía necesitamos comunicarnos entre nosotros. Ok, la de “Sur Global” es una categoría impulsada desde los centros de poder, con sus nociones de desarrollo sostenible, etc. Pero, la verdad es que tenemos mucho en común (riesgos, calidad de infraestructura, niveles de alfabetización y acceso, etc.) y las distintas regiones del sur podemos aprender de las otras. Frente a una internet pensada desde el norte, con recursos y estrategias que responden a realidades muy distintas a de las nuestras, impulsar espacios donde encontrarnos resulta vital.

9. Los espacios físicos no virtuales son indispensables para el fortalecimiento de redes y lazos de confianza. ¿Hay algo más lindo que desvirtualizar a una persona con la que venimos comunicándonos exclusivamente por correo electrónico? Luego trabajamos mejor a la distancia y nos entendemos más. La tecnología nos permite trabajar de a muchos, de lejos, en distintos tiempos y espacios. Pero el cara a cara expande y amplía la comunicación de maneras impensables. Poder encontrarnos cada tanto refuerza los vínculos virtuales y los lazos de confianza.

10. En los espacios hacktivistas hay gente dispuesta a enseñar y compartir. Parte de la ética hacker es creer en que el conocimiento es un bien común y en el poder de lo colectivo. En estos espacios hay muchas personas con la mejor de las voluntades para sacarnos de dudas, enseñarnos a usar herramientas o compartir recursos. ¡Tenemos que aprovecharlo y actuar en consecuencia!

Estos puntos son tendencias. No siempre se manifiestan de manera absoluta. Esperamos que guíen nuestro trabajo de ahora en más.

10 cosas que aprendimos en el #InternetFF

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