Este artículo es el primero de una serie de reflexiones sobre los cambios que se han producido en el ámbito del periodismo. Su objetivo es aclarar el nuevo escenario para visualizar más claramente la mejor forma de afrontarlo.

Publicado originalmente en página PERIODISMO & PROCOMÚN de Susana López-Urrutia bajo Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 3.0.

¿Qué es el ‘Periodismo expandido’? Baste decir, para empezar, que es infinito y, por tanto, inabarcable por definición, por lo que conceptualizarlo en exceso sería hacerle flaco favor. Digamos, entonces, que el ‘periodismo expandido’ es un enfoque. Una particular visión, genuina y positiva, del estado actual del periodismo, crisis y oportunidades incluidas en el saco. Y es así porque se aproxima a la cuestión sin prejuicios y sin tapujos, sin miedo a los ‘intrusismos’, a la ‘cultura de lo gratis’ o a los agregadores de contenidos (“ladrones”). Muy al contrario, este enfoque quiere invitar al lector a considerarlo todo, a lanzarse a la piscina experimental que emerge ante los ojos del periodista. Si nos roban el pan ya encontraremos una nueva forma de ganárnoslo y, como un poco de suerte, haciendo de paso un bien mayor que el que hacíamos antes a nuestra sociedad.

Para empezar a aproximar este enfoque, podemos pensar en un periodismo producido y consumido por todos y por nadie a la vez. El periodismo expandido actúa como una mancha de aceite, se expande rápidamente empapando a nuevos actores y espacios, sin discriminar entre el profesional y el amateur, entre la gran redacción y la sala de estar, el baño o la plaza. Es posible en cualquier momento y lugar, siempre y cuando existan los medios tecnológicos y el talento necesarios para que tome forma.

“El periodismo expandido abre nuevos campos de experimentación: microlaboratorios en los que tanto el periodismo como el periodista ‘clásicos’ se ponen en crisis, lo que fuerza la reinvención continua de estos conceptos”

Allá a donde llega, el periodismo expandido abre nuevos campos de experimentación: micro-laboratorios en los que tanto el periodismo como el periodista ‘clásicos’ se ponen en crisis, lo que fuerza la reinvención continua de estos conceptos. El periodismo expandido no suele emanar de fuentes individuales. Las funciones típicas del periodista y su medio (selección de contenidos —gatekeeping—, cobertura, edición, producción y difusión) se asumen de forma colectiva y a menudo no premeditada, a través de pequeños ‘gestos periodísticos’ voluntarios y, casi siempre, informales (grabar una carga en una manifestación y difundirla a través de Youtube, votar una noticia en Menéame, corregir otra en Fixmedia.org, completar una base de datos pública con propósitos informativos, retransmitir en streaming un evento noticioso…etc).

El periodismo expandido es uno de los muchos hijos de un cambio de paradigma que ha alterado por completo el modelo social, basado en la mediación de los mass media, que había dominado nuestras sociedades hasta hace muy poco. Para comprenderlo es necesario deshacerse de cualquier idea preconcebida y, por encima de todo, entender que cuando las normas del juego y el juego mismo han cambiado las viejas preguntas ya no valen.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN DESMASIFICADOS: DE RECEPTORES A USUARIOS

“Este tipo de usuario es a la vez guardián, amigo y feroz competidor del periodista clásico [y del político, el músico, el fotógrafo, el científico…]“

En su libro, ‘La Tercera Ola’, Alvin Toffler habla ya en el año 1979 de unos medios de comunicación ‘desmasificados’. Toffler observa que entonces, como hasta hace muy poco, los medios, como la mayoría de las empresas, integran todas las fases del proceso de la producción (desde la selección hasta la imprenta y difusión) de información en un esquema vertical. El alto coste de estos procesos situaba, en la práctica, una barrera de entrada al sector que posibilitaba la monopolización del mercado por parte de unos pocos. A finales de los 80, sin embargo, este escenario cambia: en todo el mundo florecen miles de pequeños medios alternativos, lo que se traduce en una inmediata segmentación de las audiencias y del pastel publicitario. Fue la primera gran crisis de la industria de la información, prólogo a la actual situación de hecatombe en la que estos inconvenientes se han intensificado drásticamente dificultando a los periodistas que salen de los medios tradicionales (aquejados por pérdidas, EREs y cierres) emprender en el contexto digital.

La competencia de los medios tradicionales en Internet, sin embargo, está lejos de ser (sólo) la de otras posibles opciones periodísticas. Además compiten con los canales de información del siglo XXI, es decir: las redes sociales (Facebook, Twitter…), los buscadores como Google, los agregadores de contenido y una infinidad de opciones similares que, en conjunto, conforman una multiplicidad de puntos de vista alternativos al ofrecido hasta ahora por los medios de masas.

Es importante notar la inmensa diferencia que existe entre éste escenario y el que despuntaba a finales de la década de los 70. No sólo es que existan más alternativas y que su carácter sea diferente. Es, sobre todo, que la relación que establecemos con ellas es radicalmente distinta. Ello es posible gracias a un fenómeno que Castells ha bautizado como ‘autocomunicación de masas’ y que empodera a los antaño receptores / consumidores convirtiéndolos en ‘usuarios’ y dotándoles de la posibilidad de comunicarse de forma bidireccional con cualquiera (como el teléfono) y, a la par, difundir sus mensajes de forma masiva (como la televisión). Este tipo de usuario, al que Dan Gillmor ha bautizado como ‘mediactivo’ es a la vez guardián, amigo y feroz competidor del periodista clásico [y del político, el músico, el fotógrafo, el científico…].

LA PERIFERIA DESAFÍA AL CENTRO

Para empatizar con un enfoque como el del ‘periodismo expandido’ es importante tener en mente una panorámica de los cambios que en los últimos treinta años han alterado por completo nuestro mundo. Antes de la revolución de Internet la esfera pública —el lugar físico o metafórico en el que se expresa la opinión pública— solía representarse, de forma ideal, a través de un gran círculo rodeado, y en ocasiones solapado, por otros más pequeños. El primero constituía la ‘Esfera Pública Central’: el lugar en el que, medios, sondeos y resultados electorales, daban forma a aquello que pensaba la sociedad. Los otros, situados en su periferia, constituían las llamadas ‘Esferas Públicas Periféricas’, pequeños grupos de debate autónomos —alejados de los flashes y las pantallas— que pugnaban por trasladar sus ideas a la EPC cuya puerta controlaban —en teoría— los medios y sus periodistas (los gatekeepers). Los periodistas / medios, así, funcionaban no sólo como creadores de contenidos, sino como creadores de relevancia y, lo que es más, como portavoces con autoridad moral suficiente como para representar a la ‘voz del pueblo’: la opinión pública.

“Pequeños gestos / acciones (de índoles política, periodista, activista…) divergen y convergen cada segundo en la red dando forma a un sujeto colectivo y mutante en cuyo cuerpo el periodista es uno más.”

En la actualidad, como sabemos, este escenario está en crisis. El paso de una esfera pública mediada por los mass media a otra estructurada en ‘red’ es una las principales causas de esta situación. La creación, gracias a las nuevas tecnologías, de canales que permiten a los usuarios comunicarse entre sí (Twitter, Facebook o el correo electrónico son sólo algunos conocidos ejemplos) sin pasar forzosamente por un punto (o nodo) central de la red ha posibilitado formas de comunicación de masas colectivas en las que el diálogo ya no se establece de pocos a muchos, sino de muchos a muchos. Este proceso equivale, metafóricamente, a un cambio de tablero y, por ende, de juego y de normas.

El primer cambio que el nuevo escenario requiere por parte de periodistas y medios es un cambio de mentalidad radical. El paso del perfil consumidor (receptor pasivo) al perfil, mucho más comprometido, del usuario (emisor – receptor) impone una necesaria renovación de los términos en los que los periodistas estábamos acostumbrados a tratar con aún llamadas ‘audiencias / lectores / oyentes’. En la Sociedad Red, caracterizada por el modo de producción informacionalista, los consumidores son usuarios y se organizan en red: son capaces de adquirir una comprensión de su sociedad a través de lo que de ella les cuentan sus iguales.

Este cambio sustantivo tiene inmensas consecuencias para el periodista ‘de toda la vida’ en su papel de ‘representante’ de la voz de una sociedad que, gracias a las nuevas tecnologías, es capaz de hablar por sí misma y, lo que es más importante, actuar de motu propio. Pequeños gestos / acciones (de índoles política, periodista, activista…) divergen y convergen cada segundo en la red dando forma a un sujeto colectivo y mutante en cuyo cuerpo el periodista es uno más. Su autoridad y su poder para marcar los pasos del cuerpo social ya no nacen de su ‘carné’ de periodista, sino del número y la calidad de las conexiones que su perfil sea capaz de desarrollar en la red y de la reputación que conquiste en ella. Es en este contexto en el que el ‘periodismo expandido’ toma forma.

Referencias

  • ANDERSON, C.W.; BELL, E. and SHIRKY, C. Post-Industrial Journalism: Adapting to the Present. Tow Center for Digital Journalism, 2012.
  • BENKLER, YOCHAI. The Wealth of Networks. EEUU. Yale University Press, 2006
  • BRUNS, AXEL. Gatekeeping, gatewatching. Real time feedback: new challenges for journalism. Brazilian Journalism Research. Volume 7, nº 11, 2011
  • CASTELLS, MANUEL. La Sociedad Red. La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volúmen I. Alianza Editorial, Madrid, 1997
  • GILLMOR, DAN. Mediactive. EEUU, 2010
  • SAMPEDRO, VÍCTOR. Opinión pública y democracia deliberativa. Medios, sondeos y urnas. Madrid. Istmos, 2000
  • TOFFLER, ALVIN. La tercera ola. Editorial Plaza & James. Bogotá, 1979.
Periodismo ‘expandido’: donde hay una crisis hay una oportunidad

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