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A principios de los años 90, gracias a la creación de la Web y la expansión del acceso a Internet –sobre todo en los países ricos–, la red empezó a crecer exponencialmente. A mediados de esa década, muchas empresas, fondos de inversión y capitales de riesgo, comenzaron a invertir de forma abrupta enormes cantidades de dinero en el sector. Esto provocó una tendencia especulativa en la bolsa de valores conocida como la “Burbuja de las puntocom” que explotó en 2001. Sería lógico pensar que luego de esta crisis las empresas vinculadas a Internet moderarían sus ambiciones de crecimiento. Pero no fue así.

El nuevo impulso especulativo llegó de la mano de la Web 2.0, un modelo que aumentaba la interactividad y sumaba los aportes de los “prosumidores”.[145] Las plataformas dejaron de ser grandes emisoras de contenidos para convertirse en contenedores de información y conocimientos generados por internautas y navegantes. Fueron los años de MySpace, Hi5, Orkut, Delicious, Devian Art, SecondLive, Fotolog, Blogspot o Picasa. Pero de a poco estas plataformas fueron sucumbiendo y perdiendo popularidad ante la aparición de Facebook –una pequeña red social pensada para usarse entre alumnos de un campus universitario– y Google –un buscador que comenzó a diversificar sus servicios comprando otras plataformas interactivas como la red social de videos YouTube–.

Estas webs eran creadas por jóvenes universitarios inspirados por las historias de otros “emprendedores tecnológicos” de la década de 1970 como Bill Gates de Microsoft o Steve Jobs de Apple. [146] Con un algoritmo que simplificara las búsquedas en Internet o una plataforma que conectara amigos podrían llegar a ser el hombre más rico del plantea.

Y decimos hombre intencionalmente, porque la mayoría de estas compañías están lideradas por ellos. Mark Zukerberg, dueño de Facebook-Whatsapp-Instagram. Sergey Brin y Larry Page, fundadores de Alphabet Inc., compañía matriz de Google. Jeff Bezos de Amazon. O Tim Cook y Satya Nadella que sustituyeron a Jobs y Gates al frente de Apple y Microsoft respectivamente.[147] Figuras masculinas con un perfil muy específico. Varones, blancos, generalmente heterosexuales, sin diversidades funcionales, del Norte global –casi todos norteamericanos–, hablan inglés, provenientes de familias de clase media o alta acomodada con un capital social y cultural amplio e influenciados fuertemente por la ideología neoliberal.

Cualquiera que no encaje en ese prototipo de humano universal seguramente vivirá, en algún momento, situaciones de exclusión o violencia digital. Si los entornos de producción tecnológica son patriarcales y neoliberales, sus productos y servicios terminarán reproduciendo las mismas opresiones, desequilibrios, prácticas machistas, estereotipos de género o conductas sexistas que las mujeres y otras identidades experimentan cotidianamente. Sucederá también con las personas racializadas, con diversidad funcional, las disidencias de género o pueblos indígenas. Ya hay estudios de cómo los sesgos machistas y de género se están trasladando a la inteligencia artificial: bots, algoritmos, asistentes personales, etc. [148]

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Notas

6. De la Sociedad de la Información a la sociedad del control

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