En esta unidad vamos a repasar algunos tipos de locutores y locutoras que aparecen (con bastante frecuencia) en nuestras emisoras.

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Unidad 8.1: LOS NARCISOS

Son los de la manito en la oreja. Con ella forman una especie de auricular natural y así pueden escucharse permanentemente. No le están hablando a nadie sino escuchándose ellos mismos. Se están recreando, como el Narciso de la leyenda, en el espejo de su voz.

Tan embelesados quedan con los hermosos sonidos de sus cuerdas vocales que, a veces, ni saben lo que están diciendo o leyendo. Su especialidad es engolar la voz, sacar una “voz de sótano” tan profunda como fingida.

ESCUCHA A UN LOCUTOR NARCISO

No satisfechos con las vibraciones de su voz, estos vanidosos se ponen un poco de reber, unos puntos de brillo, para que resuene aún más. Olvidan que la naturalidad es la regla de oro de toda buena locución.

Olvidan también a la audiencia. Se dirigen a ella en tercera persona. No le están hablando a nadie. No se están comunicando con nadie.

ESCUCHA A UN LOCUTOR NARCISO

Narcisos y Narcisas se identifican a toda hora. También graban spots con sus nombres. Se felicitan a sí mismos y a su espléndido programa, se piropean, se echan flores, leen al aire los elogios que les escriben sus admiradores… Se creen lo máximo, la última chupada del mango.

No andes repitiendo y repitiendo tu nombre. Suena a pedantería. Identifícate a la entrada y salida del turno. O en los cambios de programa dentro del mismo turno. Ya la gente sabe quién eres. Y te aprecia precisamente por tu sencillez.

Por supuesto, estos presumidos no aceptan críticas. Ahora mismo, cuando están leyendo esta unidad, se sonríen con un tonito burlón. El asunto no es con ellos. Ellos nunca son como los otros les dicen que son. Se sienten superiores al resto de sus compañeros de la radio. Y están convencidos que nada tienen que aprender.

Esta raza de locutores y locutoras debería recordar lo que le pasó a Narciso: de tanto mirarse, se enamoró de sí mismo y se ahogó intentando besar su propio rostro reflejado en el agua.

Unidad 8.2: LOS ELECTRICOS

Aquí están las locutoras y locutores nerviosos, ansiosas, alterados, que hablan atropelladamente, casi gritan, parece que están pregonando frutas en el mercado. Cuando leen no respetan puntos ni comas y no hacen pausas ni para tomar resuello. Sudan los papeles y acaban el turno agotados.

ESCUCHA A UNA LOCUTORA ELÉCTRICA

La mayoría de estas eléctricas y eléctricos lo son por inseguridad, por baja autoestima. Tal vez, cuando entraron a trabajar, los locutores más veteranos se burlaron de ellos. En vez de animar a la principiante se rieron de su voz. Le dijeron que no era radiofónica. Y la principiante se acomplejó. Ahora trata de compensar sus nervios con un falso dinamismo, como si tuviera electricidad en el cuerpo. Cuando si hubiera fuego en la cabina.

Lo primero es perderle el miedo al micrófono. El remedio contra ese miedo es lanzarse a hablar. A nadar se aprende nadando y a locutar locutando. Olvídate de los nervios y acuérdate que nadie nace sabiendo. Todo es cuestión de práctica. En fin, recuerda siempre que los nervios se parecen a esos perritos que ladran pero no muerden. ¡Ríete de ellos y concéntrate en tu trabajo!

Esta clase de locutoras y locutores son los campeones de las muletillas. Repiten y repiten una palabra (¡o más de una!) por pura inseguridad.

ESCUCHA A UNA LOCUTORA ELÉCTRICA

Esta es una de las muletillas clásicas de los locutores: así es. La repiten después de todas las respuesta de un entrevistado, después de cualquier opinión, hasta después de los comerciales. Y si están en pareja animando un espacio, uno confirma a la otra (así es) y la otra confirma al uno (así es). ¡Pero así no es! No hay que andar calificando lo que el otro dice u opina.

Unidad 8.3: LAS COTORRAS

Hay una población en África donde los oradores están obligados a hablar sobre un solo pie. Cuando pierden el equilibrio tienen que sentarse. De esta manera, los vecinos aseguran que hablarán poco, lo necesario solamente. A unos cuantos locutores y locutoras, charlatanes empedernidos, habría que mandarlos una temporadita por allá.

ESCUCHA A UNA LOCUTORA COTORRA

Hablan mucho pero no dicen nada. Cuando improvisan, se enredan en un palabrerío incoherente. Comienzan un párrafo y no saben cómo acabarlo.

Si presentan un disco, hablan sobre la música, machacan la letra, silban junto al intérprete y sólo consiguen molestar a los oyentes. Si entrevistan a alguien, hablan más que el entrevistado. Hacen preguntas confusas, enredadas, interminables.

Un buen disc jockey sabe que no es él, sino la música la protagonista del programa. Que el éxito depende de la variedad de los discos más que de sus breves intervenciones. Si se trata de una revista de contenidos, dependerá de la actualidad y el interés de los mismos más que del blablablá de quien conduce el programa.

Estas cotorras son expertas en los rodeos para decir las cosas, prologarse, anunciar lo que van a hacer, decir lo que van a decir…

ESCUCHA A UNA LOCUTOR COTORRA

Mucho ruido y pocas nueces. Pregúntales a estos palabreros qué libros han leído en este mes, en este año, en esta década… y se quedarán mudos. Tal vez no han abierto ni el periódico. ¿Qué pueden comunicar si tienen la cabeza hueca?

Lee sobre la historia de tu país y de América Latina, lee sobre economía y política, lee novelas y cuentos, lee de ciencia y de técnica, lee poesía, lee todo lo que caiga en tus manos y todo lo que encuentres en Internet.

Unidad 8.4: LOS DON JUANES

Nos topamos ahora con una de las especies más abundantes en la fauna locutoril: los donjuanes, los irresistibles. Mejor dicho los que se creen irresistibles.

ESCUCHA A UN LOCUTOR DON JUAN

A estos nenes se les ve con un peine en una mano y el teléfono en la otra. Siempre están recibiendo llamadas de sus admiradoras. En realidad, es media docena de quinceañeras que no tienen oficio y quedan fascinadas por la voz melosa de estos zánganos.

Para hacerse los simpáticos, necesitan echar mano a dobles sentidos, insinuaciones de mal gusto y risas que suenan falsas. Para dárselas de poetas, usan palabras cursis. Para parecer seductores, se acercan al micro y hablan a media voz, como si estuvieran en la cama con sus oyentes.

No seas come-micro. Una cuarta es buena distancia. Y habla con tu voz normal, que no hay ningún enfermo en cabina para andar susurrando.

La locución donjuanesca también se da entre las mujeres. Son las voces sensuales, castigadoras, las que confunden la radio con un teléfono al aire libre. Por eso, siempre usan el singular, el tú a tú, el tono confidencial.

ESCUCHA A UNA LOCUTORA DON JUAN

¿Qué hacer con los donjuanes y con las vampiresas? ¿Mandarlos a un taller de género? ¿Servirá para algo? Tal vez sí. Otra posibilidad sería hacerles pisar el palito. Que una “admiradora” lo llame y, en medio de la coquetería, le cante aquello de Lupita: Es un gran necio, un estupido engreido, egoista y caprichoso, un payaso vanidoso, inconsciente y presumido…

Unidad 8.5: LOS SIEMPRE-LO-MISMO

La rutina mata el gusto en la comida y mata el amor en el matrimonio. La rutina liquida también la audiencia de un programa. Nada peor que una locutora o un locutor aburrido que pone siempre los mismos discos y los presenta siempre de la misma manera.

ESCUCHA A UNA LOCUTORA SIEMPRE-LO-MISMO

Prepara tus presentaciones. Hazte una plantilla con modelos diferentes para presentar una canción. Así te irás acostumbrando a variar las palabras. Después irás ganando práctica y te será más fácil improvisar.

Estos siempre-lo-mismo suelen confundir su vida personal y sus dramas sentimentales con la profesión. Si la enamorada los dejó, si suspendieron una materia, si anoche no durmieron bien… se deprimen y transmiten esa depresión por la radio.

Desánimos pá fuera. Entra a cabina con entusiasmo, con ganas de trabajar, como si fuera el primer día de la creación. Tus asuntos personales no le interesan a la audiencia.

Esta rutina de la voz se corrige con una buena modulación, como ya mencionamos antes. Y con gesticulación, hablando con todo el cuerpo. Las palabras saldrán con energía, con buena vibra. Nota la diferencia:

ESCUCHA A UNA LOCUTORA SIEMPRE-LO-MISMO

¿Te das cuenta? Con menos discos, la segunda animadora comunica más. En la vida real, todos modulamos mucho porque vemos la reacción de quienes nos escuchan. En radio, como sólo tenemos un cristal delante, adoptamos fácilmente un tono monótono, que hace dormir como el chaca chaca del tren.

No hay peor enfermedad para un locutor que la rutina. Porque la radio es sorpresa, variedad. Porque cada programa debe ser y sentirse como una aventura. A un locutor se le perdona todo menos el aburrimiento. A una locutora se le consiente todo menos la falta de creatividad. Mata la rutina antes que ella te mate a ti. Y a tu audiencia.

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Capítulo 8: Tu propio estilo (1)

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8 comentarios sobre «Capítulo 8: Tu propio estilo (1)»

  1. Muy de acuerdo con la lección. Es bueno recordarlo lo que alguna vez aprendimos. Maestro José Ignacio López Vigil. Por favor, necesito algunas recomendaciones para dirigir un programa periodístico. Muchas Gracias.

  2. Estamo de acuerdo para ser un buen locutor y una buena locutora se requiere de tener un estilo propio con el cual enamoremos la audiencia, hacer que nuestro estllo marque la diferencia, que sea recursivo, creativo y que siempre sea agil, veraz y muy acertivo son claves que sin caer en redundancias nos daran un muy buen resultado y, con el paso del tiempo nos hara unicos en nuestro estilo y forma de hacer radio.

  3. Chistoso pero en realidad aun existen locutores(as) que hacen todo ese tipo de apuntes en sus locuciones, sera que no se graban y se escuchan luego? jejeje

  4. Jajaja me acordé de los compañeros que lo único que hacen es decir una retahíla de cuñas publicitarias. Muy bueno el capítulo… hay mucho por corregir.

  5. Uno tiende a caer siempre en todos los puntos ,con el tiempo y corrigiendo uno logra llegar a tener un estilo propio ,a mi en particular e paso algunas de las cosas que estan detalladas ,pero al escuchar las grabaciones me fui dando cuenta del tema y los fui modificando

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