En la radio de antes, las cosas eran más sencillas. El locutor era locutor. La libretista hacía los libretos. El técnico movía los botones. Cada quien se ocupaba de lo suyo y el director, desde su sillón gerencial, supervisaba el conjunto de la producción.

Pero los tiempos cambiaron. El número de emisoras aumentó y aumentó, saturando el dial latinoamericano. La excesiva competencia mermó los ingresos de cada radio, lo que provocó una reducción del personal y una creciente mediocridad de los programas.

Aumentó el número de emisoras, pero no de concesionarios, porque los grupos económicos, conscientes de la importancia de los medios de comunicación para el control político, se dedicaron a acaparar frecuencias y pautas publicitarias. Monopolio de pocos, escasez de muchos.

También cambió la tecnología. Imágenes, textos y sonidos, se tradujeron en unos y ceros. Con la convergencia digital y a través de ese duende que siempre nos acompaña y que llamamos celular, recibimos y enviamos datos sobre todos los soportes.

Todo se ha vuelto multimedial. Y nosotros, radialistas, ¿continuaremos compartimentados como antes? En esta era digital, ¿tiene sentido que un locutor no sepa redactar un libreto? ¿Que una entrevistadora no sepa editar los audios que ha grabado? Y un redactor de noticias, ¿qué hará si no navega en Internet y sindica los contenidos mediante el RSS? ¿Quién contratará a un musicalizador que no sabe automatizar la programación? Cada vez más, las funciones se fusionan. Hasta el himen cristalino que separaba los controles del locutorio se ha roto con las cabinas calientes.

No es cuestión de ser todólogos. Pero sí radialistas integrales. Y los cambios tecnológicos, sumados a los apremios económicos por los recortes publicitarios, especialmente en las emisoras medianas y pequeñas, nos impulsan hacia una gran versatilidad en nuestro quehacer radiofónico. Hemos de volvernos polifacéticos, multiuso, como navajas suizas.

Este Manual es un puente. Intenta romper la barrera más frecuente, la que separa voces de manos, la que se da entre quienes salen al aire y quienes están detrás de los controles, entre productores de contenidos y técnicos de audio y transmisión.

Democratizar la tecnología haciéndola comprensible para todo el personal de la radio, ése ha sido el empeño de Santiago. Y lo ha logrado.

José Ignacio López Vigil
Autor del Manual Urgente para Radialistas Apasionadas y Apasionados
http://www.radialistas.net/

Prólogo – Manual Analfatécnicxs

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