¿Resignificar las redes sociales? (3)

Concluye nuestra exposición de motivos para alimentar el debate sobre laa posibilidades que tenemos de resignificar las redes sociales comerciales. Aquí puede leer la primera y la segunda entrega.

A pesar de que para los medios comunitarios el derecho a la comunicación fue, y sigue siendo, un principio no negociable en la “sociedad analógica”, con la llegada de la Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) este principio parece haberse diluido. Es comprensible, porque los mecanismos de control de estas nuevas plataformas y redes sociales digitales son mucho más sutiles y es muy fácil percibirlas como aliadas de nuestras luchas.

Pero ya expusimos en las entregas anteriores como aquellas promesas de “progreso y democratización de la comunicación” han terminando siendo un espejismo. Al final, la tendencia capitalista de mercantilizar todo lo que toca nos ha conducido, de nuevo, a enormes monopolios y oligopolios comerciales que  priorizan las ganancias aún a costa de un modelo “tóxico” que perjudica a sus usuarias y usuarios.

Y aunque es evidente que existe cierta utilidad en el uso de estas plataformas para la difusión de nuestras noticias, ¿merece la pena si analizamos todo lo que hipotecamos? Para responder esta pregunta creemos que hay que desplazar el eje y volver a discutir desde el mismo ángulo que los medios comunitarios lo hicimos a lo largo de nuestra historia: no es una batalla por la comunicación, sino por la hegemonía (se las trae esa palabreja).

Idea 7: es un debate político, no sólo comunicacional o tecnológico

Hagamos un poco de memoria, ¿se acuerdan de MacBride? Derrotado el fascismo tras la II Guerra Mundial (1945) el mundo se parte en dos, comunismo vs capitalismo, URRS vs USA. Comienza la Guerra Fría. Pero muchos países de África (que estaban en intensos procesos de descolonización) junto a otros de América Latina y Asia forman un tercer bloque llamado los No Alineados. La mayoría de este grupo eran países empobrecidos y les reprochan a los países ricos que: sus recetas de modernización no sirven, que quieren un Nuevo Orden Económico Mundial, y que basta de llevarse sus materias primas y luego venderles los productos manufacturados, no les sirve ese sistema. Dentro de ese nuevo orden que buscaban entraba también la comunicación y la cultura y la educación que eran usadas por los países ricos como “herramientas del imperialismo”.

Los medios de comunicación comerciales se habían convertido en el aparato ideológico del sistema económico dominante, y una pieza fundamental para su implantación y expansión, un “poderoso instrumento de alienación y desigualdad social”. [1]

El problema era de tal magnitud que, en aquellos años 70, la ciudadanía latinoamericana se enteraba de lo que sucedía en sus propios territorios principalmente a través de cuatro agencias extranjeras de prensa: la británica Reuters, la francesa AFP (Agence France Presse) y las estadounidenses AP (Associated Press) y UPI (United Press International), que producían entre el 80% y el 90% de las noticias que se difundían en el mundo.

La discusión asciende a tal nivel que la UNESCO acoge este debate por el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC) y encarga un informe a una comisión liderada por Sean MacBride. Esta comisión es tajante y afirma:

La libertad del ciudadano para tener acceso a la comunicación, como receptor y como contribuyente, no puede compararse con la libertad de un inversionista para obtener de los medios un beneficio: la primera es un derecho humano; la última permite la comercialización de una necesidad social. [2]

El informe no sentó nada bien a Estados Unidos y el Reino Unido que abandonaron la UNESCO y se dedicaron a boicotear el informe hasta enterrarlo por completo. Pero había voces que seguían insistiendo.

Una de ellas la del gran Paulo Freire que predicó hasta la saciedad que necesitábamos una nueva forma liberadora de educar y comunicar para dejar de ser los oprimidos. Pero no lo planteaba como un tema comunicacional o pedagógico, sino como algo ideológico y político. La comunicación, la cultura o la educación eran medios para la revolución, para la lucha de clases, para terminar con el status quo de los que más tenían, para liberarnos de la opresión. Pero para ello, necesitábamos nuestros propios medios, no podíamos contar con los medios que pertenecía al poder que oprimía.

Hoy no son aquellas mismas agencias de noticias las que controlan el mercado mundial de la información y la comunicación, son Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft. Sin embargo, al igual que aquellas agencias, estas nuevas corporaciones también son del Norte Global y defienden y promueven los intereses de un modelo capitalista que antepone las ganancias a las personas.

¿Para que queríamos tener medios comunitarios? Los demandábamos para ejercer nuestro derecho a la comunicación, pero no hablando solo de farándula o poniendo música, sino para defender la tierra frente a los intereses de las grandes agroindustrias que queman el Amazonas para sembrar más soja o los bosques de Guatemala para plantar Palma Africana; para denunciar a las mineras que contaminan los ríos; para clamar por la cantidad de muertos que hay en Colombia o México por defender el derecho a la tierra.

¿Cómo hacer todo esto con medios que igualmente extraen nuestros datos y lucran con ellos aún a sabiendas del daño que hace su modelo de negocio a los jóvenes? ¿En realidad creemos que podremos resignificar unas plataformas que lucran con el discurso de odio y las fake news o que se han usado para manipular procesos electorales?

Y abrir estos debates no implica rechazar las tecnologías, sino recuperar y actualizar los mismos lemas que gritamos hace unas décadas: “sin tecnologías comunitarias no hay democracia” u “otro internet posible para otro mundo posible”.

Somos conscientes que son pasos completos, lentos y llenos de contradicciones (nosotras mismas rechazamos tener Facebook pero aún mantenemos una cuenta de Twitter junto a la de Mastodon). Pero estamos convencidas de que retomar aquellos debates de los 70, 80 y 90 en los que el Movimiento de Medios Comunitarios fue protagonista, nos puede ayudar a plantear las discusiones sobre los territorios digitales. Si entonces no queríamos resignificar lo que existía sino crear algo nuevo y propio, ¿cuál es nuestra propuestas para las TIC?


[1] Quirós, F., y Caballero, F. S. (eds.). (2016). El Espíritu MacBride: Neocolonialismo, Comunicación-Mundo y alternativas democráticas (Vol. 4). Ediciones Ciespal, p. 39.

[2] MacBride, S. y otros (1980). Un solo mundo, voces múltiples. Comunicación e información en nuestro tiempo. Fondo de Cultura Económica, p. 42

¿Resignificar las redes sociales? (3)

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