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En mayo de 1947, en el campamento Siglo XX de Potosí, los trabajadores agrupados en la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) comenzaron las transmisiones de La Voz del Minero. Una radio que les permitía defender sus derechos y organizarse. Sería la primera estación radial de una extensa red que llegaría a estar integrada por 26 emisoras mineras como Radio Vanguardia de Colquiri, Radio Ánimas, Radio 21 de Diciembre o Radio Nacional de Huanuni. Emisoras perseguidas, atacadas y reprimidas por las sucesivas dictaduras por defender los derechos de los trabajadores mineros que, a pesar de sostener la economía de su país, vivían en situación de esclavitud. [10]

Apenas unos meses más tarde, y a casi tres mil kilómetros de distancia, el sacerdote José Joaquín Salcedo llegó a Sutatenza, un pequeño pueblito colombiano ubicado entre los valles y colinas que separan Medellín de Bogotá. Pronto se percató de que sus futuros feligreses, mayormente agricultores y campesinas que dedicaban toda su vida a cultivar la tierra, no habían tenido tiempo para aprender a leer o a escribir. Salcedo se propuso eliminar el analfabetismo de la comunidad. Probó con el teatro, con viejas películas de cine en 16 milímetros y con clases presenciales. Pero nada funcionó. Hasta que descubrió que existía un medio mucho más efectivo para educar y entretener, sobre todo en aquella zona de poblados alejados y dispersos: la radio. Con un transmisor artesanal de 90 watts inauguró Radio Sutatenza y comenzó la transmisión de clases radiofónicas de salud, aritmética y agricultura. [11]

Sin embargo, antes de estas dos experiencias latinoamericanas, desde mediados de la década de 1920, ya existían en Estados Unidos iniciativas de radios sin fines de lucro. Emisoras vinculadas a instituciones educativas, sindicatos y parroquias. Aunque era un movimiento bien organizado, fue víctima de la falta de financiamiento durante el período de la Gran Depresión y del triunfo del oligopolio comercial por el que se decantó el sistema de medios estadounidense. [12] El declive de estas emisoras y la consolidación de los proyectos de La Voz del Minero y Radio Sutatenza les valieron a estas experiencias latinoamericanas el reconocimiento de haber sido las que iniciaron el movimiento de radios comunitarias o educativas a nivel mundial. [13]

Muchas personas y colectivos ya han escrito sobre los inicios de la radio comunitaria,5 más aún en América Latina dada su fuerte tradición radiofónica. No queremos, por tanto, reescribir esta historia ni hacer un recorrido extremadamente minucioso sobre cada una de las iniciativas. Lo que nos interesa es trazar una genealogía del movimiento desde una mirada más amplia: las estrategias de desafío al poder desde los medios comunitarios y la defensa de derechos a través de la palabra. También abordaremos el contexto político y social del que emergieron para identificar los desafíos principales que enfrentaron en cada época.

Hemos dividido este recorrido en tres etapas. La primera, de 1947 a 1980, con el proyecto imperialista de Estados Unidos para la región latinoamericana. La segunda, de 1981 al año 2000, con la consolidación de la agenda neoliberal en Occidente. Y la tercera, desde el año 2001 a la actualidad (inicios de 2020), que inicia con el auge del movimiento antiglobalización y la concentración de las plataformas digitales. Los límites de estas etapas son bastante difusos y se solapan unas con otras por lo que los rangos son apenas una referencia.

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Notas

[10] Herrera, K. (2006). ¿Del grito pionero… al silencio? Las radios sindicales mineras en la Bolivia de hoy. Friedrich Ebert Stiftung, Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (FES-ILDIS). López-Vigil, J.I. (2015). Pasión por la radio. Radialistas Apasionadas y Apasionados.

[11] Radio Sutatenza inauguró un modelo de educación a través de la radio orientada a la alfabetización y a la evangelización en la que se inspiraron otras iniciativas como Onda Azul en Puno, Perú (1958), las Escuelas Radiofónicas de Ecuador en Riobamba (ERPE, 1962), de Guatemala (FGER, 1965), de Nicaragua (ERN, 1965) o la Educación Radiofónica de Bolivia (ERBOL, 1967). En 1965 inició su trabajo Radio ECCA, una emisora educativa de Canarias que combinaba las clases radiofónicas con material impreso. Este otro modelo se popularizó en América Latina a través de la Radio Santa María, en República Dominicana, fundada por los jesuitas en 1956. Posteriormente, sería replicado por instituciones de educación radiofónica como el ICER (Costa Rica, 1973), la red Fe y Alegría (Ecuador, 1974, y Venezuela, 1975) o el IGER (Guatemala, 1979). Para profundizar sobre esta cronología ver Peppino, A. M. (1999). Radio Educativa Popular y Comunitaria en América Latina. Plaza y Valdés Editores. Hemos encontrado algunas contradicciones entre las fechas del texto de Peppino y las páginas web oficiales de las instituciones mencionadas. En dichos casos, hemos priorizado las indicadas por estas últimas fuentes.

[12] Para saber más consultar: McChesney, R. W. (1993). Telecommunications, Mass Media, and Democracy. The Battle for the Control of U.S. Broadcasting, 1928-1935. Oxford University Press.

[13] Años después, alrededor de la década de 1970, aparecerían las primeras radios libres europeas en Francia, Italia y Reino Unido.

1. Radios comunitarias para defender derechos

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