Revertir las relaciones de dependencia implica necesariamente desafiar la propiedad del conocimiento y de las tecnologías. Varios países de América Latina han comenzado a cuestionar en los últimos años las regulaciones privatistas de la cultura y el conocimiento, y están intentando llevar adelante políticas orientadas a construir y aprovechar el patrimonio común.

En un camino no exento de contradicciones, nuestros países aportan probablemente los conceptos y políticas más novedosos en este tema.

Lejos de ser una moda o una subcultura, la cultura libre está demostrando ser un eje fundamental en la construcción política de una América más justa y democrática.

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