Consejos para mejorar la articulación, la dicción y el lenguaje corporal.

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Unidad 4.1: ARTICULACIÓN

¿A qué llamamos “buena articulación”? A la pronunciación clara de las palabras. Que los demás puedan oír y distinguir bien todo lo que decimos.

Por costumbre o pereza, algunas personas hablan con la boca muy cerrada, casi sin mover los labios. Otros, por timidez, adoptan un tono muy bajo y apenas se entiende lo que dicen.

Levanta la cara, limpia tu garganta, abre bien la boca. Igual que el músico, el locutor o la locutora afinan su instrumento antes de tocarlo, para que el público no pierda una sola nota de su sinfonía.

Práctica 7: MEJORAR LA ARTICULACIÓN

Ejercicio 1

Muerde un lápiz, como si tuvieras un freno de caballo en la boca. En esa posición, ponte a leer un periódico. Haz este ejercicio durante cinco minutos. Verás cómo vas aflojando todos los músculos de la cara.

Ejercicio 2

Toma un libro y ponte a leer en voz alta, lentamente y silabeando:

Cuan-do-el-co-ro-nel-Au-re-lia-no-Buen-dí-a…

Avanza algunos párrafos así, exagerando la lectura, como haciendo muecas para hablar. Luego, silabea más rápido, asegurándote que pronuncias cada una de las letras de cada palabra.

Unidad 4.2: DICCIÓN

La “buena dicción” es otra cosa. Se refiere a la exacta pronunciación de todas las letras y las palabras. La articulación se refiere a la claridad. Ahora hablamos de la corrección.

No hay que apelar a la popularidad de la emisora ni a la coloquialidad del lenguaje radiofónico para machacar el idioma. En un sociodrama no importa, porque estamos reflejando nuestra manera de hablar cotidiana. En una entrevista, el entrevistado puede hablar como le venga en gana, mientras no ofenda. Pero para conducir una revista o un informativo, los locutores y locutoras deberán esforzarse en pronunciar bien.

Práctica 8: MEJORAR LA DICCIÓN

Ejercicio 1

Los trabalenguas son muy útiles. Busca uno con letras incómodas para ti. Por ejemplo, si tienes problema con las “erres”, practica el consabido “erre con erre cigarro, erre con erre barril, rápido corren los carros siguiendo la línea del ferrocarril”. Pronúncialo dos, cuatro, ocho, dieciséis veces… ¡hasta que la lengua te obedezca!

En las medicinas tienes otro estupendo ejercicio de dicción. Lee esos papelitos de letra pequeña donde vienen escritas las enredadas fórmulas químicas. ¡O imita a Mary Poppins cuando enseñaba a cantar aquello de SUPERCALIFRAGILISTICOESPIRALIDOSO!

Ejercicio 2

Un error de dicción muy frecuente son las LETRAS COMIDAS O AÑADIDAS.

Por ejemplo:

-Comerse las “eses”:
Lo paíse del Caribe viven tranquilo junto al mar.

-Comerse las “erres:
Hay que vela para poder imaginala.

Otro error frecuente son las LETRAS CAMBIADAS.

Por ejemplo:

-La “r” por la “l”:
Recoldal es volvel a vivil.

-O al revés, la “l” por la “r”:
Tengo la tripa revuerta.

-Cambiar la “b” por la “c”:
Octuve la licencia con acsoluta seguridad.

-Cambiar la “c” por la “p”:
El deporte me mantiene aptivo.

Revisa tu pronunciación. Y corrígela delante de un amigo o amiga que te señale los errores.

Ejercicio 3

También están las palabras mal dichas. Señalemos unas cuantas bien frecuentes:

-haiga en vez de haya
-hubieron en vez de hubo
-suidad en vez de ciudad
-satisfació en vez de satisfizo
-fuistes en vez de fuiste
-naiden en vez de nadie
-Grabiel en vez de Gabriel

Pregúntale a un colega que sepa cuáles son las palabras que dices mal. Y oblígate a decirlas bien.

Ejercicio 4

¿Qué hacer con los nombres o palabras en otros idiomas? El mejor camino es preguntarle a algún colega que sepa decirlas correctamente.

Pronuncia con naturalidad, no queriéndote hacer el gringo o el francés. ¡Se te reirán en castellano!

Unidad 4.3: FRICATEAR LA V

Hay escuelas de locución donde te enseñan a diferenciar la B y la V. También algunos cantantes pronuncian distinto estas dos letras.

En latín, la B y la V representaban dos sonidos diferentes y se escribían también diferentes. Como el idioma español viene del latín, se mantuvieron por tradición ambas letras. Se siguieron escribiendo distinto, pero se hablaban igual. La pronunciación fricativa de la V no ha existido nunca en el idioma de Cervantes.

En España, valencianos y catalanes “fricatean” la V corta por influencia de sus lenguas regionales que sí distinguen las dos letras. También en América Latina, por influjo de algunas lenguas indígenas, se da espontáneamente esa diferencia de pronunciación.

Pero en el resto de los casos, sería un error ponerse a pronunciarlas distinto. Desde 1911, la gramática de la Real Academia aclara que no hay que diferenciarlas. Y el famoso diccionario de María Moliner dice textualmente: La V no se pronuncia en español con el sonido labiodental que tiene en otros idiomas, sino exactamente con el mismo sonido de la B. No solamente no se considera falta hacerlo así, sino que los gramáticos insisten en tildar de pedantería la pronunciación labiodental de esta letra.

Pero, entonces, ¿por qué locutores y cantantes se empeñan en distinguir estas dos letras? Tal vez se sienten importantes haciéndolo. O acaso, como en francés, inglés y portugués sí se distinguen estos sonidos, piensan que lo mismo debería hacerse en español.

Se equivocan. No debe hacerse. Ni en España ni en ningún país de América Latina hay que distinguir la V de la B.

Unidad 4.4: ¿HABLAR O ESCUCHARSE?

Fíjese en este locutor: cierra los ojos y se lleva una manito a la oreja formando una especie de auricular natural. ¿A quién le estará hablando? El mismo se delata: a nadie. Se está escuchando a sí mismo, establece un cortocircuito de su boca a su oído, sin llegar a ninguna parte. Se recrea en su propia voz.

Estos colegas hablan ante el micrófono, no con la gente. La desconexión es tan notoria que, muchas veces, olvidándose de los oyentes, se refieren a ellos en tercera persona:

Tal vez los radioescuchas comprendan que…

Pero, ¿a quiénes estará hablando si no es a los radioescuchas? Esta distracción revela el desinterés del emisor y enfría completamente la relación con la audiencia. Como si yo, frente a usted, dijera esta frase: Tal vez él piense que… ¡Pero él es usted!

Locutor o locutora no es quien habla, sino quien logra el contacto, quien establece la comunicación con el otro, quien se hace escuchar. Una palabra al viento, una señal de sonido sin nadie que la reciba, equivale al silencio. Peor aún, al ruido. ¿De qué vale enviar una carta con un bonito remitente pero sin destinatario?

Un problema de los radialistas es que hablamos a ciegas. En la cabina, frecuentemente, no hay un alma. Colocados frente a un vidrio, que para algunos termina convirtiéndose en espejo, corremos el riesgo de acabar monologando, hablando solos, como los locos. Así como el oyente ve con su imaginación, el locutor y la locutora deben entrenar su imaginación para ver al oyente. Para presentirlo en su casa, en su trabajo, en los lugares desde nos sintonizan. Una locutora de Radio Cutivalú, en Piura, para no olvidar la recomendación, iba a su programa mañanero con una colección de fotos y se las ponía delante durante todo el programa: una campesina atizando el fogón, un viejo pescador con su pipa, un mocoso empujando el pieajeno, un abuelo con su sombrero de paja y su mate de chicha. Y les hablaba a ellas, a ellos. Y a través de esos rostros de papel, llegaba a miles y miles de radioescuchas.

Práctica 9: ¿CÓMO TE DIRIGES A LA AUDIENCIA?

Graba un programa tuyo y revísalo. ¿Cómo te diriges a la audiencia, en segunda o en tercera persona?

Anota también cuántas veces interpelas a la audiencia con una pregunta, cuántas veces requieres, solicitas, desafías, pides, cuestionas, exhortas, reclamas, demandas algo a quienes te escuchan. ¿Estás echando palabras al aire o hablando con gente?

Unidad 4.5: MASIVAMENTE INDIVIDAL

Compramos el boleto y vamos el domingo al fútbol. En las graderías, una multitud vocifera los goles, chilla contra el árbitro, hace olas, brinca, se enardece con la victoria inminente. Habíamos llegado desanimados por el último pleito con el jefe. Pero una vez en medio del gentío, se nos contagia la euforia general. Aplaudimos cuando todos aplauden, reímos y maldecimos cuando todos lo hacen. Las emociones se transmiten de unos a otras como corrientes eléctricas, las opiniones sobre el partido se forman colectivamente, se condicionan por lo que dicen quienes nos rodean. Vivimos una verdadera comunicación de masas.

Nada semejante a lo que experimentamos al día siguiente, cuando nos levantamos y sintonizamos nuestra emisora favorita. Tal vez estamos solos, tal vez acompañados. En cualquier caso, la voz del locutor o de la locutora se dirige a mí, me habla en segunda persona, me interpela. A veces, la comunicación radiofónica se vuelve tan individualizada entre el locutor y un oyente que llama que más parece un teléfono al aire libre.

Y sin embargo, nos hemos acostumbrado a decir que la radio es un medio masivo. ¿Por qué, en qué sentido masivo? Porque se dirige a muchos, a miles de oyentes se les ofrece el mismo programa. De acuerdo, la emisión es masiva. Pero el consumo no lo es. Y en eso estriba la diferencia. Es cierto que todavía hay comunidades rurales o indígenas donde la radio se escucha en grupo, incluso en la plaza del pueblito, con los parroquianos reunidos en torno a los parlantes. De esta manera se escuchaba antes, en tiempos de nuestros abuelos. Pero la tendencia, provocada por la aparición de la televisión y de los equipos transistorizados, ha sido a personalizar cada vez más la audición.

La confusión de planos —oferta masiva, consumo individual— puede llevarnos a grandes equívocos. ¿A quién hablamos cuando hablamos por radio? ¿A una muchedumbre? La verdad es que no sabemos a quiénes ni a cuántos nos estamos dirigiendo. Nunca lo sabremos con exactitud. En el estadio, se pueden contar los boletos. Y los oyentes, ¿cómo los contamos? Ni aun disponiendo del mejor medidor de ratings, ¿quién nos asegura que inmediatamente después de la última encuesta gran parte del público no apagó sus aparatos, aburrido ya de nuestro rollo? ¿Y si ahora que estamos al aire nadie estuviera sintonizándonos? Por suerte, un telefonazo inesperado conjura el vértigo de nuestra soledad locutoril: ¡Hola, soy una fiel oyente de tu programa…!

Supongamos que tenemos una gran audiencia, comprobada o intuida. ¿Qué cambia esto? Porque esos miles de oyentes no están juntos, no se hallan reunidos en un lugar común para escucharnos. Ciertamente, cuando oímos el partido de fútbol a través de la radio, nos imaginamos la multitud y vibramos a la distancia con ella. En esos momentos, la radio vuelve a ser espectáculo, como hace unas décadas, y no es casual que sintamos ganas de salir corriendo donde los vecinos para compartir con ellos el fervor colectivo. Pero el estado habitual del radioescucha no es ése. La recepción de la música, de las noticias, de los mismos comerciales y hasta de los espacios dramatizados se ha ido individualizando, alcanzando niveles más íntimos que ningún otro medio de comunicación social.

Ahora, ¡ábrete sésamo! De lo dicho, se desprende uno de los más preciados secretos de nuestro oficio, santo y seña de la locución perspicaz: cuando hablas por radio, no te estás dirigiendo a una multitud, ni siquiera a un grupo. Te diriges a Luis. A Luisa. A una persona. A un amigo desconocido de plena confianza. A una amiga que desde algún lugar remoto te está escuchando a ti. La radio se ha vuelto diálogo, charla privada a la luz pública. No es discurso ante un auditorio ni declamación ante palcos repletos. En radio, conversar es el arte.

A partir de esto, algunos autores recomiendan el empleo exclusivo del singular en la locución radiofónica. Sería una antipática exageración. La mejor constatación de este error consiste en grabar una conversación cotidiana:

No, Micaela, ese champú no sirve de nada. Ustedes se lo ponen por presumidas, pero fíjate cómo te está horquillando el pelo. ¿No lo crees? Pues todas mis vecinas lo saben. ¡Es que nos quieren vender cualquier basura con el cuento de aparecer modernas!

En este párrafo, nuestra amiga salta del singular al plural, de la primera a la segunda persona. (La tercera se reserva para las ausentes). Así hablamos normalmente. Y es natural que así sea, porque Micaela es Micaela. Pero también es secretaria. Y es vecina. Y es clienta de la peluquería. Y es novia. Y es colombiana. Y… en cada dimensión se mezclan singularidades y pluralidades, yo y mis circunstancias. En radio, vale aclararlo, nos dirigimos a una sola persona, no a una persona sola.

Es por esto que los buenos animadores y animadoras abren sus radiorevistas con saludos colectivos y mantienen un juego de plurales y singulares a lo largo de todo el programa. Los comentaristas políticos y deportivos hacen otro tanto.

Ahora bien, se trata de personalizar al receptor y también al emisor. Es decir, el locutor o la animadora de un programa de radio tienen nombre y carácter, tienen familia y humores, se pueden enfermar, se ríen, cuentan sus anécdotas, establecen complicidades con el público. Las voces sin rostro no crean lazos de amistad ni credibilidad.

Es curioso cómo la gente suele recordar más el nombre del conductor que el de su espacio. El programa donde habla fulano, se suele decir. Y ello resulta de la dinámica interpersonal que pretendemos lograr en la comunicación radiofónica. Siempre se corren riesgos cuando el locutor, como aquel de la manito en la oreja, comienza a pensar más en su voz que en su palabra, más en sí mismo que en sus oyentes. Pero si malo es el vedetismo, peor resulta el anonimato.

Unidad 4.6: UNA VICTORIA COMPARTIDA

En la radio, no contamos con imágenes. Tampoco podemos mirar a los ojos a los oyentes. No tenemos olores ni sabores. Para captar al público sólo disponemos de la voz.

¡La voz! Ahora no nos referimos al timbre de voz, sino a la entonación con que emitimos las palabras.

Hay palabras muertas, que se dicen por decir, que salen frías de la boca del emisor y llegan heladas a los oídos del receptor.

Y hay palabras vivas, calientes, que transmiten emociones, que atrapan a los radioescuchas, que van cargadas de pasión.

¿Dónde está el truco? ¿En qué radica la diferencia? En la modulación de la voz.

Modular es jugar con los tonos, subirlos, bajarlos, cambiar el ritmo, apresurar esta frase, relentizar la otra, enfatizar las palabras más importantes y hacer la pausa oportuna. La buena modulación transforma un discurso mo-nó-to-no en una conversación cautivante.

Lo fundamental para la buena modulación es la convicción interior: creer en lo que dices y querer decirlo a alguien. Si hablas porque ahora te toca el programa, a los pocos minutos el público descubrirá la moneda falsa, la palabra hueca. Eso se siente, se intuye. Aunque gesticules, si no tienes confianza en ti y en lo que estás diciendo, no convencerás a nadie.

Ahora bien, no hay que diplomarse para adquirir la convicción. Cualquier chofer a quien le choquen el carro, saltará a la calle y lanzará una arenga inflamada demostrando su inocencia.

No se trata de gritar. El micrófono no es sordo y la cabina no es el mercado. Habla en volumen normal, pero con energía, cargando de intención y emoción las palabras. Tampoco se trata de correr. No confundas ritmo con atropello ni estar animado con desgañitarse. Sitúate a una cuarta del micrófono. Es la distancia ideal para la voz. Más cerca, sonará distorsionada. Más lejos, perderá presencia.

Lo fundamental, como decimos, es la convicción. “Convencer” es una linda palabra: significa vencer-con-el-otro, compartir la victoria.

Unidad 4.7: HABLAR CON TODO EL CUERPO

Cuando instalaron los primeros teléfonos en Sicilia, todos los moradores se congregaron ante el nuevo aparato para aprender cómo funcionaba:

—Atiendan —dijo el técnico—. Con la izquierda toman el auricular, con la derecha marcan los numeritos. Y listo, ya pueden hablar.

—¿Hablar? —preguntó un campesino siciliano—. ¿Y con qué manos?

Esta historia del teléfono vale también para la radio. Frente al micrófono, hay que emplear todo el cuerpo. Porque los seres humanos hablamos no solamente con la lengua. Utilizamos los brazos, las manos, los ojos, para expresarnos mejor.

No cruces los brazos ni los escondas detrás o bajo la mesa. Al cabo de un rato, estarás locutando con desánimo. Aprovecha todos tus músculos, especialmente los de la cara, para darle fuerza a tus palabras. Igual que subrayamos una frase importante cuando leemos un libro, aprendamos a resaltar determinadas palabras con el tono dinámico de la voz y el apoyo de las manos.

Cuando entramos a una cabina de radio, antes de atender a las voces de los locutores, nos fijamos en sus manos. Al locutor de oficio se le reconoce enseguida por sus gestos, por las muecas de su cara, el brillo de sus ojos, su posición dinámica. Mueve todo el cuerpo, pero mantén la cabeza en dirección al micrófono para no salirse de plano.

Si grabas de pie, no te apoyes sobre un pie ni te recuestes sobre la pared. Párate firme, con una posición corporal enérgica.

Obviamente, si no tienes convicción, de nada sirve la gesticulación. El buen tono para hablar por radio es hijo tanto de la motivación del espíritu como de la expresión corporal.

Aquí vale lo del huevo y la gallina, quién viene primero. Porque la convicción interior nos hace mover los brazos, enarcar las cejas, alzar el dedo que acusa y cerrar el puño que afirma. Y a su vez, la gesticulación exterior va produciendo en nosotros una actitud más convencida y, por ello, más convincente.

La gesticulación, ciertamente, es un asunto cultural. Le expresión corporal de un guatemalteco o de un andino es mucho más retraída que la de un brasileiro o de un argentino. Que cada uno hable a su estilo, claro que sí, pero desarrollando al máximo las posibilidades de su cuerpo.

Práctica 10: GESTICULAR

Toma una noticia cualquiera y con un lápiz ve subrayando las palabras que consideras más importantes. Marca también con una raya donde consideras que se debe hacer una pausa.

Ponte delante del micrófono. De pie, en actitud dinámica. Y lee esa noticia con la mayor energía que puedas.

Llama a un amigo o amiga y dile que te escuche y que grabe un pequeño video con su celular. ¿Cómo es tu expresión corporal? ¿Muy estática? ¿Mueves las manos? ¿Los gestos de tu cara acompañan el contenido de la lectura? ¿Tu tono resulta convincente?

Unidad 4.8: NUESTRA QUERIDA LENGUA

Con el espíritu suelto y el cuerpo desenvuelto, ya podemos liberar nuestra lengua y explorar sus infinitas posibilidades. La lengua no sólo sirve para hablar. Con ella cantamos, con ella podemos reproducir innumerables sonidos de la naturaleza. Si nos damos cuenta, las tres voces del lenguaje radiofónico —efectos, música y palabras— caben en este pequeño músculo que ocupa, por su increíble versatilidad, más espacio en la corteza cerebral que ningún otro del cuerpo humano.

Nuestras lenguas se han ido subdesarrollando, atrofiando sus posibilidades expresivas. Pregúntele a un campesino por su caballo. Le responderá sumando la palabra a la onomatopeya del galope. Hable con un niño sobre aviones o sobre lo que sea. El niño sabe jugar con la voz e imitará con ella los ruidos ambientales. ¿Para qué nos sirve la boca cuando estamos tras los micrófonos?

Para hablar, desde luego. Pero en nuestra locución podemos hacer otras cosas: silbar, tararear, declamar, imitar, reír, suspirar, susurrar, chasquear. Podemos incorporar en nuestra conversación todos los sonidos del mundo. Sacarle buen provecho a la lengua, nuestra más dócil colaboradora.

Siguiente capítulo

Capítulo 4: Educación de la voz

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21 thoughts on “Capítulo 4: Educación de la voz

  1. bastante interesante este capitulo para la articulación y modulación de la voz, nos entregan varios ejercicios para ponerlos en practica. gracias

  2. me parece que en este importante punto de la educacion de la voz hagamos una reflexion profunda y revisemos cuales son esos malos habitos o costumbres que tenemos en la practica continua de nuestra labor como locutores, estoy seguro de que muchos tenemos todo tipo de errores que si ponemos en practica todo lo que en este curso se nos esta indicando podemos lograr hacer una mejor labor en el desempeño de la locucion en cada una de nuestras emisoras o donde quiera que tengamos que intervenir. lo importante es hacerlo con conviccion y concentracion para lograr un buen resultadoi en el tiempo.

  3. Todos tenemos una herramienta increíble como es la voz y el cuerpo solo falta utilizarla y sacarle el máximo provecho en la labor de la radio

  4. Tenia entendido como correcto la diferenciación de los sonidos de B y V. Luego de compartir con profesor o profesora en una ocasión, me hablaron de esta diferenciación, y aunque pocas veces se usa, por el costumbrismo, en ocasiones he escuchado y he hecho esta diferenciación. Me atrevo a decir que a partir de ahora no la hago más.

    1. Es muy bueno volver a clases, cuando uno creía estar devuelta de todo, esta cursada renueva el espíritu y el conocimiento, ademas nos compromete, a seguir exigiendo a nuestro cerebro a renovarnos, como cada programa que emitimos, muy valora ble!

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