Cuatro niveles de lectura.

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Unidad 5.1: EL OFICIO DE HABLAR

¿Qué pensarías si yo llego de visita a tu casa, saludo, entro, me siento, saco un libro y me pongo a declamarlo delante de ti y de tu familia? Sospecharías que falta un loco en el manicomio, ¿no es cierto? Pues de esos locos hay muchos, sólo que en las cabinas de nuestras emisoras.

Por radio no se lee. En ningún formato. En los informativos, si se descubre el tono de lectura, resulta menos grave, porque el oyente sabe que la noticia no está siendo improvisada por el locutor. Pero en los programas de animación, en los deportivos, en los musicales, en las charlas, en los sketches, en las revistas, en las mismas cuñas, hasta en los editoriales, está prohibido leer. Más exactamente: que suene ha leído.

¿Por qué? Porque el oyente se distrae. O se fastidia. Porque cuesta seguir el sonsonete de la lectura. Compruébalo: toma un periódico y pónte a leerlo solito. Vas más lento o más rápido, saltas estos renglones que no te interesan, ahora vuelves atrás porque se te escapó un dato, miras una foto, repites este párrafo que te gustó y quieres saborearlo mejor. Cuando lees, tú impones el ritmo.

Cuando te leen, vas a remolque. Tienes que estar concentrado y reconcentrado para no perder el hilo de la frase ni la madeja del párrafo. La situación se complica si es por radio, donde no existe la posibilidad de decirle al distante locutor: me perdí, hermanito, repíteme esa parte.

Lo leído cansa. Cansa en los congresos, en los simposios, en los mal llamados seminarios que se atiborran de ponencias. En la escuela sucedía lo mismo, cuando te dictaban la lección. Pero, al menos, uno tenía la feliz alternativa de atender más a las piernas de la maestra o a los bellos ojos del profesor. En la radio no hay más estímulos que la voz de los locutores.

El lenguaje escrito no sirve para la radio. El estilo de la radio es vivo, caliente, conversado. Esto hay que decirlo una y mil veces, repetirlo, grabarlo en letras de oro sobre la puerta de la cabina para que no se olvide al entrar: hacer radio es hablar con la gente, no leer un papel delante del micrófono.

Por supuesto, algunos formatos, por la responsabilidad que implican, deberán ser escritos y libretados hasta en sus últimos detalles. Nadie será tan imprudente como para improvisar un editorial sobre un tema político grave, donde cada palabra tiene su peso y su medida. En estos casos y otros, habrá que redactar un buen texto y pulirlo bien. Pero luego, a la hora de la verdad, al momento de salir al aire, lo interpretaremos dando la impresión de algo fresco, que se piensa y se dice en ese mismo momento. Hay que aprender a leer como si estuviéramos conversando.

¿Cómo lograr esto? John Hilton, uno de los más populares charlistas de la BBC en los primeros años de la radio, tenía una regla básica para dominar esta técnica de la lectura que no lo parece: para leer como si estuviéramos hablando, hay que hablar mientras se escribe.

Si estuvieras cerca de mi cuarto mientras estoy escribiendo una charla —decía John Hilton—, oirías voces y refunfuños y una completa declamación desde el comienzo hasta el fin. Dirías que ahí dentro hay alguien que tiene un tornillo suelto, que no para de hablar solo. Pero no estaría hablando solo, te estaría hablando a ti.

Escribir para el oído, ésa es la fórmula. Escribir oyendo las palabras, saboreando los giros, incluso las incorrecciones de sintaxis propias del lenguaje hablado. Escribe así mismo, como suena, como si estuvieras conversando y verás, mejor dicho escucharás, la diferencia.

Práctica 11: CUATRO NIVELES DE LECTURA

La mejor forma de leer por radio (y en cualquier situación) es que no suene a leído. ¿Cómo lograr esto?

Veamos cuatro niveles de lectura que debes ejercitar para llegar a ser un buen locutor o locutora.

Primer nivel: LECTURA COMPRENSIVA

Algunos locutores y locutoras parecen cotorritas o papagayos. Leen un texto y, al final, si uno les pregunta, no se han enterado de nada. A veces, están tan preocupados de colocar la voz, de pronunciar correctamente, que ni saben lo que han dicho.

El primer nivel de lectura es entender lo que está leyendo, hacerte responsable de las frases que salen por tu boca. ¿Qué ejercicios ayudan para desarrollar esta capacidad?

Comienza por las palabras. En esta página que has leído… ¿hay algún término que no entiendes? Pues echa mano al mataburros. Si te acostumbras a leer con un diccionario al lado, en poco tiempo habrás duplicado o triplicado tu vocabulario.

Lee otra vez la misma página. Descubre la idea central y resume el contenido en pocas palabras. Si no entiendes, lee de nuevo. Si todavía no entiendes el sentido, pregúntale a un amigo o amiga. Pero no cometas la locura de sacar al aire un texto que ni tú mismo entiendes.

Segundo nivel: LECTURA PUNTEADA

Los signos de puntuación son como las señales de tránsito en una carretera. Nos indican dónde frenar y dónde arrancar, cómo subir y bajar las curvas de una frase, cómo debemos entonar las palabras. Conocer estos signos resulta indispensable para lograr una buena lectura y una mejor locución.

Hay dos signos de puntuación fundamentales:

-Las comas son como la luz amarilla y se entonan hacia arriba

-Los puntos representan el semáforo rojo y se entonan hacia abajo

Aprovecha para tomar aire en esos semáforos, especialmente en los rojos.

Veamos otros signos de puntuación que también conviene conocer y obedecer:

-El punto y coma ; separa frases más largas e implica una pausa mayor que la coma.

-Los dos puntos : van antes de una enumeración. Se hace una pausa más breve que el punto.

-Los puntos suspensivos … indican algo inconcluso o preparan una sorpresa. La entonación queda abierta, suelta.

-Con las interrogaciones ¿? puedes hacer:

-Preguntas cerradas (respuestas de sí o no) que se entonan hacia arriba:
¿Quieres un helado?

-Preguntas abiertas (qué, cuándo, dónde…) que se entonan hacia abajo:
¿De qué sabor lo quieres?

-Las admiraciones ¡! exigen mayor énfasis en la entonación de la frase. Mantén esa misma fuerza hasta el final, sin desinflarte.

-Los paréntesis ( ) se modulan con una lectura más suave, bajando el tono.

-Cuando las comillas “ “ denotan ironía, también se baja un poco el tono. Si destacan una frase célebre o una cita, se hace una pausa breve, se cambia el tono y se enfatiza la lectura.

Eso es todo. Siguiendo este sencillo manual de conducción tu lectura será más fluida. A partir de ahí, podrás modular mejor la voz.

Tercer nivel: LECTURA MODULADA

Ya nos referimos antes a la modulación de la voz (subir el tono, bajar, hacer pausas, cambiar ritmos…) y su correlativa gesticulación.

Para modular mejor, los locutores y locutoras experimentados ganan texto con la vista. Los ojos van por delante captando palabras que todavía la boca no ha pronunciado. Esto permite comprender el sentido de la frase, prever algunos términos difíciles, saber cuándo respirar. Este ejercicio supone gran concentración. Habitúate a adelantar con los ojos tres o cuatro palabras. O incluso más.

También te será útil marcar el texto que vas a leer, subrayar las palabras o cifras principales que dan sentido a las frases y hay que enfatizar.

Cuarto nivel: LECTURA LIBRE

El dominio de un texto se logra cuando tiene sabor de improvisación, como si lo estuvieras conversando. ¿Cómo conseguir esto? Despegándote un poco de lo que está escrito, es decir, parafraseando. Fíjate en esta frase:

Si el FMI sigue apretando, la cuerda se va a romper.

Una lectura libre podría ser así:

Si el FMI sigue, si continúa a-pre-tan-do… ¡ayayay!… la cuerda se va a romper.

No hay que hacer esto en cada línea. Ni se trata de inventar o cambiar el sentido de lo que está escrito. Pero con pequeños añadidos de tu cosecha conseguirás darle mucha frescura a tu lectura. No olvides que la mejor lectura será la que no suena a leída.

Unidad 5.2: LA IMPROVISACIÓN

No basta con saber leer, ni siquiera con una lectura libre. Un comunicador necesita aprender a improvisar, a soltar la lengua. A correr la aventura de hablar sin papeles.

Por si acaso, anotemos que improvisar no consiste en decir lo primero que me venga a la boca. La verdadera improvisación exige incluso más preparación que la redacción de un texto. Supone investigar, hacer un esquema de ideas, tener los materiales a punto, estar en forma. Una vez listos, como deportistas bien entrenados, desplegamos las alas delta y echamos a volar nuestras palabras vivas desde la antena radiante hasta el oído del receptor.

La capacidad de improvisación, la fluidez de palabras, depende de una actitud permanente de curiosidad, de observar el mundo para conocerlo, de interesarnos en los demás, de charlar sobre los más variados temas. A hablar se aprende hablando. Y leyendo. El vicio propio de locutores y locutoras son los libros, las revistas, los periódicos… Sin mucha lectura te será difícil improvisar sobre ningún tema. Te parecerás a un pozo seco de donde no brota ninguna opinión ni pensamiento propio.

Práctica 12: IMPROVISACIÓN

Una buena técnica para ejercitar la improvisación consiste en escribir varios temas en papelitos y meterlos en una gorra. Pueden ser temas complejos (las leyes migratorias) o más cotidianos (la minifalda). Uno a uno, los compañeros y compañeras van sacando un papelito y deben hablar un minuto o dos sobre ese tema. Los demás evaluarán:

—¿Dijo algo? ¿Dio muchos rodeos?
—¿La entrada fue atractiva? ¿Y la salida?
—¿Usó muletillas? ¿Se le notaba inseguro?
—¿El lenguaje fue ingenioso? ¿Quedó alguna idea clara?
—¿Qué puntaje le darías del 1 al 10?

Unidad 5.3: CADA QUIEN A SU AIRE

Muchos manuales de locución ponderan el acento neutro. Según éstos, lo más profesional sería una forma de hablar “de ninguna parte”, un idioma sin impurezas ni cadencias que no deje ver la procedencia de quien habla.

Y así, hay profesores que entrenan al boliviano para que no arrastre las erres y a la ecuatoriana para que no silbe las eses. Corrigen al mexicano por esas inflexiones tan profundas, como de guitarrón. Le hacen repetir villa y caballo a la argentina para que las elles no chirríen tanto. Y los venezolanos, vale, que no repitan tanto el vale. Nos dijeron que el locutor, como la leche, debe salir pasteurizado y homogenizado.

¿Qué hay atrás de ese afán de uniformar los tonos y los acentos? ¿No serán 500 años de racismo de ellos y de complejo de nosotros? Aunque los criollos eran mestizos y mulatas, no querían parecerlo. Que no se discubra al indio por las vocales cambiadas ni al esclavo negro en el acento de mandinga. Que en la escuelita de la sierra y de la selva se enseñe el correcto castellano de la Real Academia. Que parezcamos blancos. Que hablemos como blancos.

Para “españolizarse” más, algunos locutores emplean el vosotros y hacen gala de las zetas. Pero aquí no estamos en Toledo ni en Salamanca. Más aún, ¿existe un acento español único? Porque los andaluces no hablan como los gallegos ni como los catalanes. No existe el pretendido castellano universal ni siquiera en la tierra de Lope de Vega, mucho menos en nuestra variopinta América Latina.

Así pues, dejemos el acento neutro (tan imposible de lograr como aburrido si lo logramos) para los lingüistas melindrosos. Y que las chilenas sigan hablando con sus agudos y los mam de Guatemala con sus guturales y los aymaras de los Andes con su irrepetible “k “ y las brasileras con sus múltiples sotaques. Que cada país y cada etnia tenga su tonalidad propia y su cantadito sabroso. Cada quien a su aire, como decía el filósofo.

Defendiendo los acentos regionales y nacionales no queremos echar por la ventana el esfuerzo por pronunciar bien las palabras y las letras. Una cosa es el acento y otra la mala dicción. Si el caribeño cambia la r por la l y la l por la r, esa falla debe corregirse. Si usted come más eses que espaguetis, ponga un poco de cuidado a la hora de locutar. Pero una cosa es atender la pronunciación y otra obsesionarse por ella. A los oyentes no les preocupa tanto que el locutor se salte una ese porque ellos se saltan cien. En fin, ya vamos a conversar sobre la buena dicción.

Unidad 5.4: DESPACIO QUE TENGO PRISA

Cuando leemos un texto, los signos de puntuación nos sirven como señales de tránsito para saber dónde disminuir la velocidad (las comas), dónde frenar (los puntos) o dejar colgada una frase (puntos suspensivos), cuándo subir el tono (las admiraciones) y cuándo interpelar al público (las interrogaciones).

Pero al hablar, ¿cómo nos orientamos? Cuando estamos conversando con un grupo de amigos, ese problema no existe. Con naturalidad modulamos las frases y hacemos las pausas donde corresponden.

Otra cosa es cuando estamos hablando ante un público o detrás de un micrófono. Corremos, atropellamos las palabras, nos producen pánico esos segundos de silencio entre una frase y otra. ¿A qué se deben estas prisas?

Los nervios. Queremos terminar cuanto antes, bajarnos lo más rápido posible de la tribuna, escapar del escenario o de la cabina de grabación.

La impaciencia. Tenemos muchas cosas que decir y contamos con poco tiempo para ello. Entonces, apresuramos las palabras, aceleramos la lengua, apretujamos las ideas.

Por ambos caminos, olvidamos las indispensables pausas. Y proyectamos ante el auditorio un sentimiento de inseguridad y falta de convicción.

Vísteme despacio, que tengo prisa, como decía la experimentada viajera. Los nervios hay que dominarlos con ejercicios de respiración y control mental. En cuanto a la impaciencia, recordemos que más vale decir 3 cosas bien dichas que embutir 33 en las orejas del público.

¿Para qué sirven las pausas?

Para respirar bien. Si no las haces, tampoco encontrarás el momento adecuado para tomar aire. Te cansarás y acabarás jadeando.

Para subrayar una idea, para enfatizar algunas palabras claves de tu exposición. Las pausas despiertan el interés y, a veces, hasta crean suspense en el relato.

Las pausas son muy útiles también después de una interrogación. Es una manera de dar tiempo al oyente para pensar en la respuesta.

No confundamos pausas con baches. Si perdiste el hilo del discurso, no pienses que estás haciendo una pausa. Toma un poco de agua y trata de hilvanar el hilo con una nueva idea.

Y ahora… hagamos una pausa antes de pasar a la siguiente unidad.



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Capítulo 5: Aprendiendo a leer

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12 thoughts on “Capítulo 5: Aprendiendo a leer

  1. He estado siguiendo sus cursos, que me parecen fabulosos, muy útiles y prácticos. Sin embargo tengo que hacerles una pequeña crítica. En el apartado de Cada quien a su aire, creo que no han sido justos al hablar de racismo por parte de los españoles y de complejo por parte de ustedes. Quizá haya sido por desconocimiento de cómo se habla el castellano en España. Pues con mil acentos distintos. No habla igual un gallego que un extremeño, un madrileño que un valenciano, ni siquiera todos los andaluces hablan igual. Sin embargo, aquí, como allí, a los locutores se les enseña un acento neutro, se les quita el propio, simplemente por unificar y simplificar. Si no hubiera sido así, no se hubiera creado un español neutro para el doblaje en Sudamérica, por ejemplo. Les aconsejo que corrijan ese párrafo, porque les aseguro que en España no tenemos ningún ánimo de conquistadores. Fue hace 500 años, y la mayoría ni recordamos lo que hicimos ayer. Somos otros, muchas generaciones después. De nuevo, agradezco que hayan puesto estos cursos al alcance de cualquiera.

  2. Muy de acuerdo, soy testigo de como muchos locutores y presentadores no adquieren su propio lenguaje con base en la investigacion, sino que se limitan a leer un libro y en realidad lo que hacen es fastidiar al oyente. Importantes estos ejercisios que nos enseñan a realizar en este curzo de locusion.

  3. La mayoría leemos por leer, no damos prioridad a los contenidos y mucho menos los signos de puntuación, cuando se da la oportunidad de realizar un comentario no tenemos nada que comentar porque leemos sin atención. Muy buenas recomendaciones en este capitulo de como aprender a leer bien.

  4. Muy buen tema, me permite recordar la importancia de valorar lo que nos pertenece y no entrar en el juego de querer ser otros que no somos. En agradable sentirnos seguros a la hora de hablar y sobre todo a la hora de comunicarnos .

  5. Me encantó el contenido, tiene mucha razón…y es muy importante que tengamos conocimiento de ello para mejorar nuestras técnicas radiofónicas.

  6. En este oficio de hablar se cometen muchos errores sobre todo por que no atacamos nuestros vicios que de ves en cuando hacen que nuestra exposición o nuestra intervención en cualquier medio no lleguen como deben llegar, en este sentido es importante documentarse mas para poder transmitir con claridad lo que queremos y esto va de la mano con entender a que publico nos dirigimos y como le hablamos de acuerdo al tema que estamos tocando en el medio cualquiera que sea.

  7. Esta unidad me gusto porque en realidad a veces nos preocupamos mas por leer bien y no por generar una idea clara que llegue con emotividad al oyente.

  8. Muy cierto lo que se plantea y uno al principio caer en esas tesituras y lee como si lo estuviera haciendo en una clase,luego se aprende con tiempo y paciencia leyendo mucho a que salga con naturalidad ,lo ideal es leer en tiempos libres en voz alta y haci uno se va naturalizando y se logra que no se escuche como leido

    1. El ejercicio diario de la buena lectura, y la conversación amena es para el locutor, como las practicas para el buen deportista; pre calentamiento, y luego al campo de deportes para dar un buen espectáculo, que los oyentes están en la tribuna expectantes.

  9. Retomando todo lo aprendido con anterioridad. Reconociendo mis debilidades para poder fortalecerlas y Reforzando todo lo positivo. Excelente.

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