Si en febrero planificamos, en diciembre es el momento de evaluar nuestro proceso hacia la soberanía tecnológica.

Bueno, podemos dejarlo para enero si quieren. ¡Diciembre siempre es una locura! La evaluación es un proceso que muchas veces dejamos de lado pero que es central. Porque nos permite mirar atrás y debatir qué hicimos y qué relegamos, qué nos costó más, qué estrategias no funcionaron o tomaron más tiempo del que inicialmente pensamos. Y, sobre todo, nos brinda elementos para diseñar cómo vamos a seguir en la siguiente etapa.

Si hicimos una buena planificación el proceso de evaluación será más sencillo: tendremos detallado en un documento los objetivos que nos propusimos y qué cosas debían pasar para que consideráramos la planificación un éxito. Por lo tanto, debemos juntarnos y repasar entre todas ese documento inicial. Pero ojo, esto no es todo. Hay cosas que se escapan a ese documento de planificación. ¿Cómo nos sentimos a lo largo del proceso? ¿Con qué acciones estuvimos cómodas y con cuáles no? ¿Cómo cambiamos a lo largo del proceso? ¿Para qué usamos lo que aprendimos?

Algunos recursos que nos ayudan a encara procesos de evaluación sin sufrir:

  • Guía operativa de la evaluación de acción social – Descargar.
  • Guía para el seguimiento y la evaluación de proyectos y programas – Descargar
  • Guía de evaluación de programas y proyectos con perspectiva de género, derechos humanos e interculturalidad – Descargar

Los resultados de la evaluación también nos permitirán ajustar nuestra próxima planificación de manera que no haya tanta distancia entre nuestras expectativas y nuestras capacidades de llevarlas a cabo. ¿Nos vemos en 2020?

Diciembre: ¡evalúa!

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