Si alguien nos menciona al diablo, enseguida veremos en nuestra cabeza la imagen de un ser feo de color rojo, dos cuernos en la cabeza y una lanza en la mano. ¿Por qué imaginarlo así si nunca lo hemos visto?

En realidad el diablo ni existe pero tenemos una imagen muy clara de él que nos ha sido transmitida a través de la cultura, mitos religiosos, creencias y fantasías de sociedades anteriores.

Así se forman los imaginarios. Representaciones, imágenes que nos creamos y que se extienden por toda la sociedad aunque, la mayoría de las veces, tienen que ver muy poco con la realidad. Son sólo parte de nuestra imaginación individual y colectiva.

El lenguaje ayuda mucho a enfatizarlos. Por ejemplo, si hablamos siempre del médico, del ingeniero, del abogado y de la secretaria, la camarera y la enfermera, estamos creando un mundo donde son los hombres los que tienen profesiones académicas y relevantes mientras las mujeres son las encargadas de lo secundario. Por eso es tan importante usar un lenguaje inclusivo para despatriarcalizar nuestros imaginarios, para crear otra realidad.

“Los imaginarios no son sólo representaciones en abstracto y de naturaleza mental sino que se encarnan o se incorporan en objetos ciudadanos que encontramos a la luz pública y de los cuales podemos deducir sentimientos sociales como miedo, amor, rabia o ilusiones, y estos tantos sentimientos citadinos son archivables a manera de: escritos, sonidos, producciones de arte o textos de cualquier otra materia donde lo imaginario impone su valor dominante sobre el mismo objeto” (Armando Silva-Imaginarios el Asombro Social).

La edición y la producción radiofónica, como actos creativos, están profundamente relacionadas con la historia y la realidad social de la cultura humana. Y muchas veces, cuando editamos, nos topamos y reproducimos los imaginarios sociales.

Pero éstos también pueden ser de utilidad para el trabajo radiofónico. Para realizar una edición radiofónica, cualquiera que sea el formato o género, es necesario tomar en cuenta dichos imaginarios ya que corresponden a una realidad, una realidad histórica o una realidad futura construida desde el presente.

La edición debe recuperar estos “archivos” imaginarios internos de cada individuo y de la colectividad para el proceso creativo.

Capítulo 1 – Imaginando los imaginarios

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7 thoughts on “Capítulo 1 – Imaginando los imaginarios

  1. En su parte introductoria el comentario no dice nada… largo preámbulo y pérdida innecesaria de tiempo. Debemos ser mas precisos en estos tiempos actuales y no tantos ejemplos o palabras

    Si yo leo solamente el capítulo uno de esto… me pregunto ¿A dónde quieren ir con esto? ¿De qué se trata?… No entiendo nada. Disculpen la franqueza, pero es como yo lo entendí.

    1. Saludos Luis

      Gracias por tu opinión, nos agrada que nos tiren de las orejas para así seguir mejorando.

      De todas formas, ten en cuenta que es una guía por capítulos, la idea es llevar una secuencia. En este primer capítulo intentamos explicar qué son los imaginarios y, a dónde queremos ir, es al capítulo dos, donde ya entramos en detalles concretos de cómo romper estos imaginarios falsos en los editores.

      Un abrazo!
      Santiago.

  2. Con el debido respeto que se merece quien escribió este artículo, pero considero que hay algo muy importante que aclarar. Usted dice: “en realidad el diablo ni existe…”. Al respecto tengo que decir, al menos dos cosas: En primer lugar, es cierto que el común de las personas se imagina al diablo generalmente como usted lo menciona, pero en segundo lugar, el diablo si existe. ¿Por qué lo aseguro?. Porque creo que Dios existe y El dice en su Palabra (Las Sagradas Escrituras) que el diablo existe (Apocalipsis 12: 7-9). Algunas personas pueden poner en duda la existencia de Dios y de Su Palabra, pero eso no cambiará nada. Aunque existan quienes nieguen la verdad, esta siempre estará presente y prevalecerá. Yo más bien hubiera dicho: “el diablo existe, pero como no le hemos visto, no sabemos que apariencia tiene, entonces la gente suele recurrir a los imaginarios. Muchas gracias.

    1. Saludos Julio

      En este texto intentamos habar de los “imaginarios sociales”, es lo que explicamos. En esta sociedad, la nuestra, la occidental, ese diablo lo imaginamos rojo, pero en otras culturas ni se llama diablo.

      Luego están las “creencias personales”. Cada quien tienen las suyas y en función de las mismas entiende al mundo de una manera u otra. Unas creen que Dios existe, otros lo llaman Alá y muchos no creen que exista ninguno de los dos.

      Y por último están los “hechos científicos” donde no se puede demostrar que el diablo exista, nadie lo ha visto (por el momento) ni tenemos fotos reales de él (o ella). Por eso nuestra afirmación. Pero respetamos a quién sí creen en él.

      Tú crees en verdades por que están escritas en un libro. Nosotros preferimos las científicas, pero eso no hace ni a tu verdad ni a la nuestra más verdadera.

      Un abrazo libre (de diablos)
      Santiago / Radios Libres

      1. Es un comentario que consideré pertinente hacer, pero (no Obstante) debo decirles que me encanta “Radios Libres”, y aparte de cualquier diferencia de opinión, lo cual es respetable, aprecio mucho la labor que ustedes desempeñan y les quedo muy agradecido, como creo que también lo están muchisimos que trabajamos en la radio en toda Latino América. Un gran saludo amigos.

        1. Claro Julio, nos encanta debatir e intercambiar ideas. Como te decíamos en el otro correo es normal que cada uno pueda tener diferentes opiniones y puntos de vista. Y eso no hace que unas sean verdaderas y las otras no. Se trata de poderlas debatir y compartir con respeto al otro y sus opiniones. Así que encantados de recibir siempre tus comentarios en RadiosLibres y, por supuesto, que estamos muy agradecidos con ustedes, lo que hacen radio en AL, porque de hecho son nuestra razón de ser.
          Abrazos!

      2. Usted lo ha escrito: usted CREE en “la verdad” científica. Sin embargo, la ciencia no puede demostrar la inexistencia del diablo ni de Dios. El pensamiento posmoderno, al parecer, nos aleja de la ciencia co mayor eficacia que la razón nos alejó de Dios…

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