¡Falso! Licenciar tus obras de forma libre no entraña ningún riesgo.

En el mito anterior se comentó ampliamente la diferencia de los derechos morales frente los derechos patrimoniales. Es legítimo que el escritor o la escritora de un libro exija que se le reconozca su autoría. Si alguien se apropia de lo escrito o creado por otra persona está cometiendo un plagio. El plagio afecta a los derechos morales.

Pero si alguien copia un libro, pongamos por caso que hace fotocopias, no está apropiándose del contenido, sólo hace una copia del texto. Esto afecta a los derechos patrimoniales, ya que se supone que se dejan de percibir ingresos por la compra de un libro cada vez que éste se fotocopia. Cosa que no es del todo cierta, ya que no todo el que fotocopia un libro lo compraría en caso de no poderlo fotocopiar, sobre todo, por el elevado precio que tienen los libros originales.

Quienes crean una obra literaria o artística tienen todo el derecho a decidir qué hacer con sus derechos y defender tanto los patrimoniales como los morales. Para ello tiene dos herramientas: el registro y las licencias.

Supongamos que heredas una casa. Lo primero que haces es registrarla en la Oficina de la Propiedad. Pero luego, como la casa es tuya, tú decides qué hacer con ella. Una opción es habitarla sin permitir que nadie más viva allí. Estás en todo tu derecho. Pero si la casa tiene varias habitaciones siempre puedes abrir las puertas para que otras personas la ocupen. También puedes elegir si les cobras alquiler o si dejas que vivan gratis. Incluso puedes permitir que decoren de nuevo el cuarto donde van a vivir y lo mantengas así para que esas mejoras las disfruten quienes vivan después.

Con las obras culturales sucede algo similar. Cuando produces un libro o una canción puedes ir a la Oficina de Propiedad Intelectual de tu país y registrarla. Así, en el supuesto caso de que alguien la plagie, es decir, se apropie de ella y diga que la compuso o redactó, tendrás una prueba de que no fue así, por si quieres demandarlo. Esto es el registro.

En cambio, la licencia son los permisos que concedes para que la gente use tu obra. Como tú eres quien tiene los derechos de tu canción o de tu libro, tú eliges qué tipo de licencia usar para distribuirlo. Por ejemplo, puedes no permitir que copien o difundan tu obra, sería una licencia copyright. O, por el contrario, puedes “abrir tu casa” para que la gente use tu canción, tu libro, tus noticias o tus producciones radiales usando una licencia libre.

Para compartir abiertamente tus derechos autorales tienes varias opciones. La primera es cederlos completamente, sin condiciones. Esto es lo que se conoce como Dominio Público.

Otra opción es usar “licencias libres”, es decir, permitir de antemano que las personas copien, distribuyan y difundan públicamente tu trabajo bajo las condiciones que como autor indiques. Las licencias libres más conocidas son las Creative Commons y de ellas hablaremos en un próximo mito.

Uses una licencia libre o un copyright tradicional lo que te protege realmente es el registro de la obra, no la licencia con la que distribuyas tu trabajo. Incluso, aunque no la tengas registrada si puedes demostrar de alguna forma que eres el autor del libro o la creadora de la canción, tendrás toda la protección legal que mereces.

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Cuarto mito: La cultura libre no protege a quienes crean y les pueden robar sus producciones

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