¡Falso! La cultura y el conocimiento son bienes comunes.

El aire que respiramos, el agua de los ríos y el mar, la biodiversidad, el genoma humano o las plazas y las calles son bienes comunes. Bienes para el provecho común, un procomún 2. Son un legado, una herencia colectiva 3 de nuestros antepasados que recibimos como sociedad y que debemos cuidar para las futuras generaciones.

Dentro de esa herencia están también los bienes culturales, como son la ciencia, la lengua, la historia o la música y hasta la Internet.

Hasta mediados del siglo 15, el conocimiento y la cultura fluían libremente y sin demasiadas restricciones. Aunque es cierto que pocas personas podían acceder a él, ya que la mayoría de la población no sabía leer ni escribir. En aquellos tiempos, el conocimiento se transmitía principalmente de forma oral a través de trovadores y juglares que se encargaban de llevar historias y noticias de un lugar a otro.

Pero a mediados de ese siglo, el alemán Johannes Gutenberg pone a funcionar la imprenta y los poemas y trovas que antes se transmitían oralmente, pasan a plasmarse en un papel.

La imprenta originó los soportes físicos. Los poemas que recitaban los juglares se imprimían ahora en libros de papel que tenían un alto costo de impresión. Este costo generó la aparición de los intermediarios, en este caso, los editores, que pagaban un derecho al autor para poder imprimir sus obras. Los editores y los soportes convirtieron a la producción literaria en un bien de consumo que sólo podía ser adquirido por quien tuviera el dinero suficiente.

Además, el hecho de que la cultura fuera tratada como una mercancía dio lugar a la idea de que el intelecto tiene propietarios:

“El nacimiento de la idea de propiedad intelectual fue una respuesta tanto al surgimiento de la sociedad de consumo como a la expansión de la imprenta. Hay un cierto sentido de propiedad literaria que se remonta al siglo XV, cuando no antes”. 4

La aparición de Internet cierra el llamado “paréntesis de Gutenberg” 5 y permite que el conocimiento se libere tanto de los soportes físicos como de los intermediarios. La música no necesita ahora ser grabada en un disco compacto (CD) sino que puede viajar de un correo electrónico a otro o alojarse en una web en formato digital, por ejemplo en mp3. Los libros ya no deben ser impresos en papel, sino que pueden subirse en formato digital a un blog.

De nuevo, el conocimiento puede fluir libre sin ser considerado una mercancía al igual que ocurría antes de la imprenta. Además, como Internet permite un acceso masivo a la cultura, la vuelve menos elitista.

NOTAS

2 El término herencia colectiva es usado por Silke Helfrich en “Commons: ámbitos o bienes comunes, procomún o lo nuestro” Genes Bytes y Emisiones, Bienes Comunes y Ciudadanía. México: Ediciones Böll, de la Fundación Heinrich Böll. Descargar.

3 De procomún habla mucho Antonio Lafuente que incluye a Internet dentro de los Bienes Comunes Digitales. Este artículo es muy recomendable: “Los cuatro entornos del procomún”. Descargar.

4 De Briggs & Burke tomamos la cita del nacimiento de la propiedad intelectual. Dijeron eso en su libro “De Gutenberg a Internet: una historia social de los medios de comunicación”

5 La tesis del paréntesis de Gutenberg fue formulada originalmente por el profesor Lars Ole Sauerberg del Institute for Literature, Media and Cultural Studies de la University of Southern Denmark y la explica ampliamente Alejandro Piscitelli en este artículo de su blog.

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Segundo mito: La cultura y el conocimiento siempre fueron mercancías susceptibles de ser vendidas

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